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La Ciudad de La Habana está envuelta ese sábado por la mañana con un silencio inusual y extraño

La Ciudad de La Habana está envuelta ese sábado por la mañana con un silencio inusual y extraño. La noticia de la muerte del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, se anuncio muy tarde en la noche del viernes, pero el corto y emotivo mensaje del Presidente de Cuba, Raúl Castro, se transmitió después del noticiero del cierre, al filo de las 12, y la mayoría de los cubanos estaban acostados. Sin embargo el acontecimiento era demasiado vital y las llamadas de teléfono de madrugada, que por lo general son augurios de malas noticias, fue la primera manera a lo interno de difundir y conocer la noticia.

A la una de la madrugada Radio Reloj seguía aferrado a su programación planificada y comenzaba su noticiero de hora cerrada con un “feliz día a todos”, y los canales de la televisión cubana que funcionan las 24 horas continuaban ofreciendo  series. Finalmente Tele Sur, a la 1.30, dió la noticia del fallecimiento de Fidel como confirmada, de última hora y urgente, poco después transmitió el breve anuncio hecho por su hermano, Raúl Castro, y seguidamente dio paso a programas especiales, la proyección de documentales históricos, entrevistas y materiales de archivo.

Lo que hasta ese momento parecía solo un rumor de radio-bemba, en este caso transmitido vía telefónica nocturna, se convertía en una certeza. En la silenciosa madrugada habanera sonaba  el zumbido de un helicóptero militar, de fabricación rusa, inconfundible por su ruido que sobrevolaba la capital con sus luces de posición apagadas y a buena altura, para no alarmar a nadie, siguiendo la amplia avenida  que conecta el Aeropuerto capitalino José Martí con las zonas céntricas de la ciudad.

Los sábados el barrio de Altahabana, al igual que muchos barrios de la ciudad, son un pulular de actividades y sonidos de todo tipo: “competencias” de música, a ver quién gana en esa lucha interminable entre reggetoneros y salseros, un enjambre de niños que salen a la calle desde las 8 de la mañana, a jugar ruidosos y chillones aprovechando el fin de semana, al  fin libres de escuelas y deberes , mientras que las vecinas charlan de balcón a balcón, o entre edificios ,comentandose cosas e  informaciones al tiempo que se ocupan de los quehaceres de la casa,  y los vendedores ambulantes vocean, con curiosos pregones huevos, escobas y recogedores, legía y desinfectantes, flores o ajos y platanitos de fruta. Sin embargo este sábado, 26 de noviembre, está marcado por otra cosa, y el quieto silencio del barrio solo se ve interrumpido  por los canto de gallos despistados y esporádicos ladridos de perros. Nada de niños en la calle y menos aun música a tope para acompañar las actividades domesticas del fin de semana.

A lo largo de la mañana los medios nacionales han precisado detalles y calendario de los homenajes y actos que se celebrarán en la capital y a todo lo largo de la país: Nueve días de luto, dos de ellos para una cámara ardiente en la Plaza de la Revolución de La Habana y una caravana que llevará las cenizas del líder revolucionario, para permitir el homenaje y prueba de respeto de su pueblo,  hasta su lugar destino que él eligió: el cementerio de la ciudad Héroe, Santiago de Cuba, donde reposan también los restos del Héroe Nacional José Martí.

El silencio en ese primer día de luto es lo que prevalece en el ambiente . Todos necesitan un tiempo para asumir la noticia. Los comentarios son escuetos y de pocos y a veces enigmáticos, “así es la vida”, comenta un vecino.  En el barrio algunas banderas cuelgan de las ventanas, signo de homenaje libre y sin “organizar”.

Las tiendas del barrio están abierta así como el banco.  En realidad nadie parece con ganas de comentar mucho. Es un momento de especial intimidad. Una empleada del banco confirma que la próxima semana no se van a cerrar a las tiendas aunque sí se han cancelado todas las actividades culturales.

Otra empleada dice que los trabajadores de algunos centros de trabajo si participarán en las ceremonias en homenaje a  Fidel, pero que son “seleccionados”. Por lo pronto este domingo en la mañana el Vice-Decano del Colegio Mayor de San Gerónimo sito en pleno centro histórico de La Habana, el intelectual y ensayista Félix Julio Alfonso, nos decía que ya estaba organizada una primera ceremonia en su facultad.

En una tienda de barrio Ernesto responde a nuestra pregunta con otra  ¿Has visto?”  Y añade sin censurarse que él y su familia estan en los últimos trámites para emigrar a los Estados Unidos. Su suegra, sin embargo, una señora con una edad ya bastante cercana a la de Fidel, comenta: “Se ha muerto el jefe. Y ahora?” Durante más de  tres décadas trabajó en el Complejo Poligráfico donde se imprimen los diarios y revistas nacionales, además de numerosos libros. Otras escena pueden ser dos muchachos como de 15 años que se miran y sencillamente comentan: “Es triste, verdad?”.

Los canales cubanos de radio y televisión trasmiten en conexión nacional y única programas especiales, entrevistas a personalidades de la cultura, gente en la calle, e internacionales relacionadas a este día tan especial: pasan las fotos, las imágenes, las valoraciones y las anécdotas de la larga, intensa y rebelde vida de Fidel. Una vida plena hasta el último momento, apenas hace diez días aparecía con el Presidente de Vietnam, ese país asiático al que apoyo con todas sus fuerzas durante la guerra de agresión norteamericana, quizás como su último mensaje de revolucionario y de fidelidad a las amistades. Seguramente la historia, con mayúsculas, se encargue, con el distanciamiento que le caracteriza, de ofrecernos otras visiones, pero por ahora quizás la poética  y enigmática frase de José Martí podría servir como una primera conclusión: “la muerte es mentira cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

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