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“No, no puedo”, dice Obama

Alan Hart
 alanhart.net
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Ahora sabemos que el presidente Obama cree que hay poca o ninguna perspectiva de paz en Medio Oriente a menos que suficientes judíos israelíes, en particular los jóvenes a los que apeló directamente, comprendan que la única manera de que Israel sobreviva como Estado judío y democrático es “mediante la creación de una Palestina viable e independiente” y luego insiste en que su gobierno se comprometa a hacer negociaciones para acabar con la ocupación de Cisjordania (que ha cumplido 44 años).

Tácitamente Obama ha reconocido que no tiene la voluntad necesaria para enfrentarse al lobby sionista de Washington D.C. y a un gobierno israelí dedicado a la expansión permanente de las colonias, incluso aunque ese enfrentamiento sea necesario para proteger mejor los propios intereses de EE.UU.

Todo esto, basado en lo que dijo públicamente Obama a los judíos israelíes y a los árabes palestinos durante su visita, es en resumen mi conclusión con respecto a la posición de Obama.

El doble rasero y la hipocresía en los que se basa la política exterior de EE.UU. fueron evidentes en lo que dijo minutos después de su llegada a Israel: “Los dirigentes iraníes tienen que comprender que deben cumplir sus obligaciones internacionales”.

Eso por un lado. El otro es que NO exige que los dirigentes de Israel cumplan sus obligaciones internacionales.
Mientras se sanciona y se amenaza a Irán con la guerra, debido sobre todo a la afirmación de Netanyahu de que los iraníes están trabajando en la fabricación de una bomba nuclear (una afirmación que puede resultar tan falsa como la afirmación de que Sadam Hussein poseía armas nucleares y de destrucción masiva), Israel, con sus armas nucleares, es recompensado por su desafío al derecho internacional y a múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Al estudiar el texto completo de la declaración inaugural de Obama en Israel, me pregunté si el presidente ignora de un modo inquietante algunos de los elementos más importantes de la verdad histórica en lo que se refiere al surgimiento y la permanencia del conflicto de Palestina convertida en Israel, o si conoce toda la verdad pero cree que es más conveniente para sus intereses pregonar la propaganda sionista y otra mitología judía.

Dijo, por ejemplo: “Sé que al poner el pie en este país, camino con vosotros en la patria histórica del pueblo judío”.

La implicación de esas palabras es que todos los judíos del mundo tienen un origen étnico común y un patrimonio nacional, y por ello un derecho válido a la tierra que hoy es Israel y Cisjordania ocupada por los israelíes. Como otros (incluido el historiador israelí Shlomo Sand, autor de The Invention of the Jewish People) y yo hemos documentado, eso simplemente no es verdad. Casi todos, si no todos, los judíos que fueron a Palestina respondiendo al llamado del sionismo no tenían una conexión biológica con los antiguos hebreos. Eran descendientes de pueblos de muchos países (sobre todo de Europa Oriental y Occidental) que se convirtieron al judaísmo siglos después del final del breve dominio de los antiguos hebreos y solo tenían en común su religión y sus ritos. Y lo mismo se puede decir de la mayoría de los judíos en el mundo actual. (Es posible que actualmente más árabes palestinos que judíos sean descendientes de los antiguos hebreos).

Obama comenzó su dicurso de llegada con respuestas a una pregunta que surge a menudo sobre la relación de EE.UU. con Israel – “¿Por qué apoya EE.UU. con tanta fuerza, tanta firmeza, al Estado de Israel?”

Considero que algunas de las respuestas de Obama a esa pregunta deben ser examinadas y cuestionadas.

Dijo:

Estamos juntos porque compartimos una historia común –patriotas determinados a “ser un pueblo libre en nuestro país”, pioneros que forjaron una nación, héroes que se sacrificaron para preservar nuestra libertad, e inmigrantes de cada rincón del mundo que renuevan constantemente nuestras diversas sociedades.

Falta en esa respuesta que la “historia común” incluye el hecho de que ambas naciones se basaron en la limpieza étnica. EE.UU. realizó la limpieza étnica de la mayor parte de sus indios nativos, y Palestina sufrió la limpieza étnica de la mayor parte de sus árabes indígenas.

¿Es posible que una historia compartida de limpieza étnica sea el motivo por el cual muchos estadounidenses están dispuestos a aceptar la propaganda del sionismo?

Dijo:

Estamos juntos porque somos democracias. Porque por ruidosa y heteróclita que sea, sabemos que la democracia es la mejor forma de gobierno imaginada por el ser humano.

La realidad es que EE.UU. es una democracia solo de nombre, no de sustancia. Lo que se supone que es una democracia se vende al lobista que más pague. Como han señalado algunos estadounidenses preocupados, EE.UU. tiene “la mejor democracia que el dinero puede comprar”. (El presidente Kennedy intentó varias veces, y fracasó, introducir leyes para acabar con la corrupción de la política estadounidense. Si le hubieran permitido seguir viviendo y tener un segundo período, podría haber tenido éxito).

También es verdad que para que exista la democracia los ciudadanos, es decir los votantes, tienen que estar suficientemente informados de los temas críticos para poder exigir a sus dirigentes que respondan, y no solo en la temporada electoral. El hecho es que la vasta mayoría de los estadounidenses no están lo bastante informados para hacerlo.

También se puede decir que si la libertad de criticar las políticas y acciones de Israel es una prueba de la democracia en acción, Israel es mucho más democrático que EE.UU.

Dijo:

Estamos juntos porque compartimos un compromiso de ayudar a otros seres humanos de todo el mundo. Cuando tiembla la tierra y llegan las inundaciones nuestros doctores y rescatadores se apresuran a ayudar. Cuando la gente sufre, de África a Asia, nos asociamos para combatir la enfermedad y eliminar el hambre.

La falla en esa respuesta es que muchos judíos israelíes no ven a los árabes palestinos (incluidos los ciudadanos de Israel) como “otros seres humanos”. Los ven, y a veces los califican, de criaturas inferiores que deben someterse a la voluntad del sionismo o habrá que expulsarlos e incluso exterminarlos como a alimañas si no lo hacen.

Dijo:

Estamos juntos porque la paz debe llegar a Tierra Santa… Incluso si vemos claramente la dificultad, nunca perderemos de vista la visión de un Israel en paz con sus vecinos.

La falla en esa respuesta es que los dirigentes de Israel nunca han tenido una visión de la paz en términos que satisfagan las demandas palestinas de un mínimo aceptable de justicia.

Y finalmente, dijo:

EE.UU. está junto al Estado de Israel porque es de interés fundamental para la seguridad nacional estar junto a Israel.

Obama sabe que no es verdad, ¿entonces por qué lo dijo? La única respuesta que tiene sentido es que no puede admitir que el apoyo incondicional de EE.UU. al Estado sionista en cualquier situación sea una causa primordial de la creciente ola contra EE.UU. en todo el mundo musulmán y más allá, y aviva en particular el creciente fuego del fundamentalismo islámico violento.

Si tuviera que admitirlo, incluso algunos de los estadounidenses más desinformados y no informados le harían una pregunta: “¿Entonces, señor presidente, por qué no pone en primer lugar los intereses de EE.UU. utilizando su influencia para obligar a Israel a ser serio respecto a la paz en condiciones que puedan ser aceptadas por los palestinos?”

La respuesta honesta a esa pregunta tiene dos partes.

Una es que en lo que se refiere a la política con respeto a Israel-Palestina Obama solo es presidente de forma nominal. Las decisiones políticas son tomadas (más o menos) por dirigentes de Israel y su lobby en todas sus manifestaciones en EE.UU.

La otra es que incluso si Obama (o cualquier presidente de EE.UU.) utilizara su influencia para tratar de llevar a Israel a actuar según términos que los palestinos podrían llegar a aceptar, no existe ninguna garantía de que los dirigentes de Israel terminen por decir: “OK, señor presidente, haremos lo que desea”. Existe una posibilidad real de que le mandasen al diablo.

Como señalo en mi libro Zionism: The Real Enemy of the Jews [Sionismo: el verdadero enemigo de los judíos] y he mencionado en otros artículos, no solo el temor de ofender demasiado al lobby sionista impide que cualquier presidente de EE.UU. ponga por delante los intereses de su país. También existe un temor presidencial, compartido ampliamente en los círculos dirigentes de defensa e inteligencia de EE.UU., de que un intento de presionar a Israel más allá de donde sus dirigentes estuvieran dispuestos a ir podría llevar a que expresaran su desagrado creando un descalabro en la región.

Israel no posee armas nucleares porque Ben-Gurion, Moshe Dayan y otros pensasen que así garantizaban la superioridad militar de Israel. (De pasada, vale la pena señalar que Ariel Sharon fue uno de los halcones militares de Israel que se opusieron a la idea de tener armas nucleares. Creía que Israel siempre sería capaz de derrotar a los árabes con armas convencionales y personal militar superior; y temía que si Israel desarrollara armas nucleares los árabes podrían llegar a hacer lo mismo, y que si éstos poseyeran sus propias armas nucleares la capacidad de Israel de imponer su voluntad en la región quedaría neutralizada).

Según lo que Dayan me confió en una conversación privada en 1969, a la que me refiero en mi libro, la decisión de Israel de tener armas nucleares fue impulsada por la necesidad de tener una carta de chantaje aparte de la del holocausto nazi.

Dayan dijo, explícitamente, que Ben-Gurion y otros, incluyéndose a sí mismo, no eran estúpidos. Quería decir, y dijo, que desde el nacimiento de Israel llegaría el día en el que hata sus mejores amigos (quería decir EE.UU. en particular) dirían a los dirigentes de Israel: “Basta ya. Os habéis convertido en un lastre para nosotros. Ahora debéis hacer lo que pedimos.” Entonces dije a Dayan: “Los dos sabemos que no necesitáis armas nucleares para defenderos de los árabes… Las necesitáis para poder decir a un presidente estadounidense, si fuera necesario, algo como: ‘Si nos presionáis más lejos de lo que estamos dispuestos a hacer, utilizaremos estas armas’”. La respuesta inicial de Dayan a mi especulación fue una ligera sonrisa. No lo negó o lo cuestionó de alguna manera. Como recordé la conversación años después, finalmente dijo al respecto: “Lo ha dicho usted, no yo. Pero usted comprende nuestra situación”.

Algunos creen (y tal vez tengan razón) que Obama merece elogios por atreverse a decir algunas cosas que Netanyahu no quería que oyeran los judíos israelíes y otros, no de la boca del presidente de EE.UU., sobre el terreno en Jerusalén.

Por ejemplo: “No es justo que un niño palestino viva con la presencia de un ejército extranjero que controla los movimientos de sus padres cada día. Poneos en su lugar, mirad el mundo a través de sus ojos. En vista de la frustración de la comunidad internacional, Israel debe revertir una contracorriente de aislamiento”.

Pero lo más significativo fue la advertencia de Obama de que el único camino para que Israel pueda sobrevivir como Estado judío y democrático es el final de la ocupación dejando espacio para un Estado palestino viable.

La audiencia de jóvenes israelíes a los que dirigió esta declaración lo aplaudió, pero muchos de los que están en el poder con Netanyahu no se plantean la retirada a las fronteras de 1967 (tal vez con canjes de tierra mutuamente acordados) como la “única” manera de desactivar el tiempo demográfico de ocupación. Están a favor de la “transferencia”, que es un eufemismo para una limpieza étnica final de Palestina por parte de los sionistas.

Y todavía hay algunos que se aferran a la idea de la “opción jordana”, desestabilizar ese reino, librarse de la monarquía hachemita y decir a los palestinos de Cisjordania: “Ahí tenéis vuestro Estado. Id y tomadlo”. (En realidad esa era la jugada final en la que pensaba Sharon cuando organizó la invasión de Líbano por Israel llegando hasta Beirut en el verano de 1982 con la intención inicial de exterminar a toda la dirigencia de la OLP y destruir la infraestructura de la organización).

La visión de Obama de las perspectivas de paz, presentada en Ramala en la respuesta a una pregunta, fue la siguiente:

La paz es posible. No está garantizada. Ni siquiera puedo decir cuántas probabilidades tiene. Pero es posible.

Lo mismo vale para una limpieza étnica definitiva de Palestina por parte de los sionistas.

En este estado de cosas tengo que terminar este artículo diciendo que pienso que la decisión de Obama de no utilizar su influencia para intentar que Israel acabe con la ocupación y transferir efectivamente la responsabilidad a una nueva generación de judíos israelíes, es insincera y reprensible, por decir lo menos.

Tal como están las cosas, y parece que continuarán, también es posible que Obama sea contemplado por la historia como el presidente que, por omisión, dio al sionismo la libertad para extinguir la luz de la esperanza de paz y completar su limpieza étnica de Palestina, un resultado que incendiaría la región y tal vez el mundo. (Es el resultado deseado por los fundamentalistas cristianos estadounidenses que apoyan el Estado sionista haga lo que haga y lo financian en su continua colonización de Cisjordania).

Un juicio de la historia como el indicado anteriormente podría contener una referencia mitigante de Miko Peled. “El problema israelí-palestino es, políticamente, un páramo tóxico que ningún presidente de EE.UU. consciente de los hechos querrá limpiar. Se ha convertido en un ciclo maléfico de engaño y dobles raseros y contaminará a cualquier político estadounidense que trate de limpiarlo”.

Agregó: “Uno tras otro, los presidentes de EE.UU. han huido ante el desafío”. (Eisenhower fue el primero y último presidente que no lo hizo y es probable, en mi opinión, que el presidente Kennedy se hubiera enfrentado al monstruo sionista si se le hubiera permitido vivir y ejercer un segundo período).

Mi único desacuerdo con Miko es que Obama no está “huyendo”. Se está deslizando elegantemente usando su mejor retórica.

Después de que renunció a su gobierno por su oposición a la guerra contra Iraq, Claire Short me describió al primer ministro Tony Blair como un “gerente de actores”. Parece una descripción adecuada de Obama en su segundo período, por lo menos en lo que se refiere a su manejo del conflicto Israel-Palestina.

Al escribir estas líneas la principal pregunta que espera una respuesta del lado palestino es la siguiente:

¿Será suficientemente sumiso el “presidente” Abbas como para hacer lo que Obama quiere y abandonar la exigencia palestina de una congelación total de la expansión de las colonias israelíes como condición previa para reanudar las conversaciones (no las llamemos negociaciones) con el gobierno de Netanyahu?

Alan Hart ha sido corresponsal extranjero de ITN y de Panorama de la BBC. Ha cubierto guerras y conflictos por todas partes del mundo y se especializó en Medio Oriente. Autor de: Zionism: The Real Enemy of the Jews: The False Messiah. Su blog es: www.alanhart.net

Fuente: http://www.alanhart.net/no-i-cant-obama-says-3/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+AlanHart+%28AlanHart+%28Recent+Posts%29%29

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