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ENTREVISTA A JESUS ARBOLEYA

Jesús Arboleya es Doctor en Historia, profesor de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior de Relaciones Internacionales. En 2013 recibió el prestigioso premio ‘Casa de las Américas’ por su libro “Cuba y los cubanoamericanos. El fenómeno migratorio cubano”.

Cuba y EE.UU. han iniciado un proceso de diálogo para restablecer relaciones después de medio siglo de fuerte enfrentamiento y de la imposición de un bloqueo a la isla que todavía permanece. ¿Cuáles son las claves para haber llegado este nuevo escenario?

La clave fundamental es que EE.UU. ha llegado a la conclusión de que su estrategia ha fracasado. Hay que recordar que esta estrategia se sustentaba en la siguiente ecuación: combinar la asfixia económica (vía bloqueo) con el aislamiento político regional e internacional, que debería llevar al caos social en Cuba y en consecuencia a justificar una intervención de Washington. Esto, a inicios del siglo XXI, se ha demostrado totalmente ineficaz. Por un lado, Cuba ha logrado insertarse en la economía internacional y ha superado la crisis económica (el ‘periodo especial’) de los noventa. Las estrechas relaciones con China, Rusia, Venezuela y Brasil han sido fundamentales. Por otro lado, Cuba ha ido reintegrándose en América Latina, incorporándose a nuevas instituciones, destacando su participación en la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). En este nuevo contexto, quien se está quedando aislado en el continente es EE.UU.

¿Cuáles son los principales cambios que se pueden dar a corto plazo? ¿Y a medio plazo?

En una primera etapa, yo destacaría tres cambios importantes que se deben dar relativamente rápido. En primera instancia el restablecimiento oficial de las relaciones diplomáticas. Como consecuencia de esto, en segundo lugar la apertura de las embajadas. Para eso va a ser fundamental definir con claridad las reglas de funcionamiento de las sedes diplomáticas para evitar un desequilibrio (mismo número de funcionarios por embajada, etc.). Un tercer aspecto será la firma de acuerdos bilaterales de interés mutuo. De hecho ya se está negociando en 20 áreas, como control de costas, narcotráfico, correo postal, tráfico de personas, etc.

Paralelamente, en menos de dos años que restan antes del fin de mandato de Obama, es fundamental que saquen a Cuba de la lista de países terroristas. A su vez, deben también regularizar el funcionamiento financiero de nuestras delegaciones en EE.UU, ya que hasta el momento no pueden tener cuentas bancarias, ni realizar transacciones.

A medio plazo, probablemente se realizará una apertura de negocios en algunas áreas. Por ejemplo, en el sector de telecomunicaciones, donde Cuba tiene poco desarrollo. El sector agroalimentario también es un área de negocios clave y aquí es primordial que se ponga fin a la restricción que hoy sufre Cuba para comprar alimentos a crédito a empresarios estadounidenses. La apertura del turismo de EE.UU. hacia Cuba será otro sector clave, ya que se estima que más de un millón de turistas pueden visitar la isla. Esto supone un tercio del actual volumen de visitas extranjeras.

De cualquier manera EE.UU. cambia sus modos pero no modifica su objetivo estratégico: acabar con la Revolución Cubana. ¿Cómo puede afrontar la isla estas nuevas coordenadas?

Efectivamente ahora Washington apuesta por la vía del cambio gradual y pacífico. Esto significa que va a centrarse en intentar influir crecientemente en la sociedad civil cubana a través de diversas herramientas: la inversión empresarial privada y los valores asociadas a esta, por medio de las nuevas tecnologías (internet, redes sociales), focalizando sus mensajes en la juventud, vía intercambios culturales y educativos…

Todo esto implica que nuestra relación con EE.UU. ni ha sido ni será nunca normalizada. Lo que podemos conseguir es una relación más similar a otros países del entorno. En definitiva, seguiremos siendo profundamente antagonistas.

¿Cuáles son las ventajas y los riesgos de este nuevo escenario?

Una ventaja evidente es que Cuba aumenta su capacidad de maniobra para lidiar con EE.UU. y para insertarse con más facilidad en la economía mundial. Un dato bien relevante es la urgencia con que Europa se está moviendo para restablecer relaciones ya que saben que se acerca el fin del bloqueo y quieren estar bien posicionados en el terreno de los negocios.

En cuanto a los riesgos, el principal es la posible subordinación económica a EE.UU., ya que por su poder económico y por su cercanía nos va a ofrecer la oferta comercial más atractiva y esto puede lesionar nuestra soberanía.

Cuba ha sido históricamente un símbolo de resistencia antimperialista en la región. ¿La apertura de negociaciones y los acuerdos que se adopten pueden cambiar su imagen en América Latina y el mundo?

La posición de Cuba a nivel internacional no va a cambiar. El reciente posicionamiento a favor de Venezuela frente al ataque de la Casa Blanca es un buen indicador. Raúl Castro apoyó públicamente a Venezuela y dijo bien claro que “a Cuba no se le compra y a Venezuela no se le intimida”. Por el conflicto con Venezuela, probablemente se ha retrasado la apertura de embajadas en La Habana y Washington.

En breve se celebrará la Cumbre de las Américas con la histórica participación de Cuba. ¿La reciente agresión de EE.UU. a Venezuela, declarando al país caribeño una amenaza para la seguridad nacional, puede enturbiar la cumbre?

Indudablemente la posición beligerante contra Venezuela le ha complicado mucho a Obama la próxima cumbre de las Américas. Una agresión totalmente innecesaria y poco inteligente. Nuestro canciller Bruno Rodríguez dijo muy claramente que la agresión a Venezuela complica mucho la cumbre. De hecho, en la agenda de la cumbre habrá dos puntos prioritarios: levantamiento del bloqueo a Cuba y el fin de la amenaza a Venezuela. Washington querrá ocultar la agresión a Venezuela con un apretón de manos con Raúl Castro pero este no se lo va a permitir.

Aunque todavía sea demasiado pronto. ¿Se puede empezar a pensar en un proceso irreversible en relación al bloqueo?

Aunque apenas hemos comenzado creo que se puede hablar de una tendencia irreversible por la combinación de diversos factores históricos. Por un lado, existe una mayoría de población en EE.UU. favorable al fin del bloqueo. Por otro lado, el perfil de la comunidad cubanoamericana ha ido cambiando. Hasta hace poco una estrategia electoral beligerante contra Cuba tenía éxito en Miami, pero esto ya no es así. La campaña electoral republicana de 2012 obtuvo malos resultados entre la comunidad cubanoamericana y en los recientes comicios regionales de 2014 los candidatos favorables a la apertura lograron un apoyo importante. A su vez, sectores empresariales de fuerte influencia en EE.UU. están impulsando la apertura hacia Cuba. La Cámara de Comercio está presionando a todos los partidos para cambiar la política con Cuba. La influyente ‘Coalición Agrícola de EE.UU. por Cuba’, que agrupa a las 30 empresas agroindustriales más poderosas está ejerciendo un fuerte lobby en Washington para el fin del bloqueo. Por último, hay que resaltar la posición unánime y cada vez más firme por parte de América Latina para que EE.UU. modifique su política exterior hacia la isla.

* Luismi Uharte es Investigador sobre América Latina. Doctor en Estudios Latinoamericanos

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