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Lo poético está en la mirada que arrojamos sobre las cosas, Yolanda Castaño

Anna Lombardo, poetisa y periodista italiana, entrevista a Yolanda Castaño, poetisa de Galicia, con la cual ha estado al festival Cerete de mujeres poetisas, en Colombia

Anna Lombardo, poetisa y periodista italiana, entrevista a Yolanda Castaño, poetisa de Galicia, con la cual ha estado al festival Cerete de mujeres poetisas, en Colombia

Empezamos por una presentación.

Vivo en A Coruña, una de las más grandes ciudades gallegas. Galicia es la región del noroeste de España, que fue una nación histórica (así ha sido reconocida) y posee su propia identidad cultural, lengua y literatura. En gallego escribo mi poesía, en esta lengua tan antigua como el castellano e igualmente derivada del latín, pero íntimamente emparentada con el portugués ya que en la Edad Media fueron la misma lengua y solo se separaron por razones políticas (Galicia cayó bajo el reino de España y nuestros ‘hermanos’ del sur constituyeron su propio Estado, Portugal, consolidando su habla mientras la nuestra recibía una considerable influencia del castellano). Hoy en día mi trabajo se inscribe por tanto en esta tradición literaria que conoció toda una edad de oro con la lírica medieval gallego-portuguesa, pasó por siglos más oscuros, experimentó un renacimiento en el siglo XIX (con Rosalía de Castro a la cabeza, una mujer poeta es la figura estandarte de nuestras letras) y continuó –con gran diversidad, exigencia y calidad- hasta nuestros días. Escribo en una lengua sin estado, hablada por 3 millones de personas en Galicia pero capaz de conectarnos con el enorme mundo lusófono, con el que nos entendemos sin grandes trabas.

Escribo poesía y a la poesía dedico todo mi tiempo: no solo la escribo. También la traduzco, la promociono, la divulgo, la enseño… Como muy activa dinamizadora cultural, mantengo desde hace años tres proyectos estables con poetas locales e internacionales: un pequeño festival de poesía, un taller de traducción poética y un ciclo mensual de recitales. También publico libros como editora, traductora y autora para niños/as, desarrollo talleres de poesía, produzco videopoemas, colaboro con otros/as artistas para fusionar poesía y plástica, audiovisual, danza, performance, arquitectura, música… y hasta cocina. Y disfruto de las oportunidades de poder mostrar mi trabajo por toda Galicia, España y el extranjero, donde viajo bastante a menudo.

Cuando ha empezado a escribir poesía?

Empecé siendo niña. Me fascinó aquella mágica forma de no llegar hasta el borde de la página; aquel modo de contar cantando, de utilizar las palabras para algo distinto, para ‘algo más’. Y empecé como por imitación y estimulada por ejercicios escolares, con solo 7 años.

Hoy tengo el privilegio de viajar por el mundo de la mano de mi poesía, pero nunca olvido que el primer desplazamiento gracias a mis versos fueron del aula de 3º A a la de 3º B. La poetisa de 8 años de edad que recita en mandilón sobre el estrado.

Continué alentada por maestras y familia. Hasta que, con 15 años, me presenté a un concurso de poesía ‘menor’. Tenía el capricho de comprarme un pantalón de cuero sin que mi madre tuviese que pagármelo. Tenía que presentar un solo poema, entre 50 y 100 versos; gané el certamen literario y me compré el pantalón. Jajaja! A ese siguieron otra racha de premios individuales; hasta que, con 17 años, lo que presenté a concurso fue ya no un único sino una colección de poemas. Gracias a ese certamen obtuve la publicación del que fue mi primeir poemario, antes de terminar la enseñanza secundaria. Y a partir de la ópera prima y su buena aceptación, todo fue ya un poco más rodado…

Hablamos de la inspiración. Que surge primero? Una imagen, una emoción, un hecho…como funciona el proceso de creación para ti?

Parte de lo que me inspira es el propio lenguaje en sí, el idioma, las palabras. Solo puedo escribir de lo que me toca, de lo que me mueve. Una imagen puede sugerirme una metáfora. Lo poético está en la mirada que arrojamos sobre las cosas y, si nos concentramos en observarlas con otros ojos, en verlas desde otro punto de vista, podemos ampliar su significado produciendo nuevos mensajes.

La poesía ensancha así los límites del lenguaje y, puesto que es el lenguaje el que construye la realidad, esta se ensancha con él.

Mi proceso de creación se ha ido últimamente adaptando a mi ritmo de vida. En medio de la prisa, voy tomando notas sueltas cuando estoy en un aeropuerto, en una sala de espera o en un medio de transporte y hay una idea que surge de pronto (una imagen, una combinación de palabras, un verso…). Suelen apuntar hacia un tema, tono o actitud que me interesa por un tiempo. Más adelante llegará el tiempo y el espacio (una residencia para escritores/as, un mes libre dedicado enteramente  a mi escritura) que dedique a componer todas esas notas, a darles una estructura, a construir enlaces, añadir elementos y rematar el trabajo.

La poesía es de algunas maneras un acto individual, una conversación intima que el poeta decide de compartir con los lectores. Estas de acuerdo?

Es un acto ‘hasta cierto punto’ individual, ‘relativamente’ individual, tanto en cuanto cada texto no deja de ser en parte un diálogo también con anteriores textos y autores, autoras. Un lenguaje al que han contribuido tantísimas voces se actualiza cada vez que aportamos nuestra propia voz.

Al mismo tiempo, y a pesar de que creo que este debe estar siempre tras una distancia, está el lector, la lectora. La poesía no es 100% monólogo, ni una conversación con las paredes. Hay un vago receptor que justifica la comunicación; a veces se trata de un lector ideal, abstracto, a veces ni siquiera es humano (la literatura misma puede ser el receptor) pero de algún modo no nos deja solas. En ese sentido es cierta tu afirmación.

Hay escritoras aficionadas que me dicen “yo escribo para mí”. Yo también escribo primeramente para mi, y creo que seguiría escribiendo incluso si nadie quisiese publicar un solo verso mío. Por eso ese diálogo íntimo del que hablas es lo primordial; publicar, tender la mano al lector, desvelar los textos… es solo un paso.

Y con todo, o un poco más allá, tampoco rechazo la literatura como un espacio que compartir con otros/as, en ciertos sentidos: la poesía nos pone de hecho en la piel emocional de la otra. Igual que la narrativa nos puede hacer vivir otras vidas, otros tiempos u otros mundos, la poesía nos enseña a empatizar con las emociones que otra persona experimentó, las que evocamos como semejantes a las nuestras o las que adelantamos antes de que las probemos. Incluso un mismo poemario puede unir a las personas en sus lecturas, puede darles emociones que compartir, como se prueba por ejemplo en los clubs de lectura, o de otro modo en los recitales poéticos.

Tu eres también traductora. Que significa eso para ti? Piensas que, como yo, la traducción es también un compromiso con aquellos poetas (sobre todo mujeres) que no tiene voz en otros países y a veces en su proprio país? Tu actividad de traductora tiene que ver con la lengua gallega también?

Traducir poesía es convertirte en otros u otras poetas que soñarías ser. Igual que las actrices juegan a ser otras personas, así las traductoras poéticas podemos imaginarnos autoras distintas a través de las palabras ajenas. Las trasladamos a nuestra voz, a nuestro idioma, igual que las actrices dotan a los personajes de sus propios cuerpos. Pero es otra personalidad la que se revela en nuestras voces, y a ella debemos ser fieles. Tenemos que reproducir una nueva música (no obsesionarnos con copiar la de origen, porque será imposible), proyectar un efecto semejante al original a través de formas diferentes, que deben sonar como si siempre hubieran nacido en el idioma de destino.

Traducir es siempre una lectura cualificada, una profunda inmersión en un poema del que siempre se vuelve con más luz, del que siempre se vuelve con un hondo aprendizaje. Se aprende sobre el funcionamiento de un texto, se investigan sus secretos mecanismos, se regresa mucho más rico. Por eso creo que traducir constituye una fuente de aprendizaje y de enriquecimiento que solo nos puede hacer mejores poetas.

En buena parte como posicionamiento político, sí, la mayoría de lo que traduzco es al gallego. Prefiero favorecer a esta lengua minorizada, hacerla una anfitriona que acoja a las literaturas del mundo, una anfitriona humilde pero con la cabeza bien alta. Poner en valor el gallego como un precioso idioma de destino, tan interesante y expresivamente rico como el que más.

Y sí, valoro la capacidad de la traducción poética a la hora de importar nuevas prácticas literarias, nuevas voces de las que se carezca (hace poco aprendí que la vía de entrada de la poesía LGTB en algunos países había sido –mucho menos conflictivamente- a través de traducciones de poetas de fuera); también su capacidad para albergar aquellas voces que no se encuentren cómodas en su lugar de origen. Así de importante es la traducción.

Que piensa de la experiencia del festival Cerete en términos de oportunidad para las mujeres de encontrar y hablar de sus problemas, éxitos, fracasos etc.

La autoría femenina sigue siendo lo ‘marcado’ y la masculina lo ‘no marcado’. En ese sentido, siguen siendo muy necesarios los foros que den visibilidad a las mujeres autoras: sus ansias, sus preocupaciones, sus problemáticas, sus reivindicaciones, sus logros… Tejer redes entre nosotras, apoyarnos mutuamente, normalizar nuestras producciones literarias, divulgarlas como modelos igual de interesantes que los aún mayoritarios; toda esa unión nos hace fuertes, refrenda más nuestros pasos, los afirma y consolida. Reclamar atención sin sentirnos una cuota dentro de una superestructura que sigue siendo patriarcal, construir nuevos modelos que proyectar, poner sobre el estrado discursos frecuentemente desatendidos.

Has estado recientemente en la India. Puedes decirnos algo de ese viaje?

De la mano de la plataforma Literature Across Frontiers (una plataforma dedicada a promover literaturas minoritarias de Europa) me embarqué en una interesante gira por la India, una gira de talleres de traducción poética con autores/as que se expresan también en lenguas minoritarias de aquel subcontinente asiático. Lo primero que llamó nuestra atención es la diferencia de proporciones: eran lenguas “minoritarias” habladas por cantidades del orden de… 80 millones de personas! En Europa casi todas las lenguas son minoritarias, pero con números mucho más pequeños!

Entre Chandigarh, Delhi y Bombay realizamos intercambios con hasta 6 poetas distintos en lenguas como el punjabi, el hindi, el inglés, el marathi y el begalí. Tradujimos varios textos de cada uno de ellos y ellas a nuestros idiomas, en mi caso el gallego. Y también ellos nos vertieron a las suyas, un enorme honor para mí! Lo hicimos a través de lenguas ‘puente’ como el inglés pero, sobre todo, a través de las intensas y muy próximas conversaciones con las y los propios poetas. Recitamos los resultados de dichos talleres de traducción en el marco de lecturas públicas o de festivales poéticos en curso, ante audiencias muy curiosas e interesadas. Fue una enriquecedora experiencia que desde luego jamás olvidaré!

*****

Yolanda Castaño

 

HISTORIA DA TRANSFORMACIÓN

Foi primeiro un trastorno

unha lesiva abstinencia de nena eramos pobres e non tiña nin aquilo

raquítica de min depauperada antes de eu amargor carente unha

parábola de complexos un síndrome unha pantasma

(Aciago a partes iguais botalo en falla ou lamentalo)

Arrecife de sombra que rompe os meus colares.

Foi primeiro unha branquia evasiva que

non me quixo facer feliz tocándome co seu sopro

son a cara máis común do patio do colexio

a faciana eslamiada que nada en nada sementa

telo ou non o tes renuncia afaite traga iso

corvos toldando nubes unha condena de frío eterno

unha paciente galerna unha privada privación

(nena de colexio de monxas que fun saen todas

anoréxicas ou lesbianas a

letra entra con sangue nos cóbados nas cabezas nas

conciencias ou nas conas).

Pechei os ollos e desexei con todas as miñas forzas

lograr dunha vez por todas converterme na que era.

 

Pero a beleza corrompe. A beleza corrompe.

Arrecife de sombra que gasta os meus colares.

Vence a madrugada e a gorxa contén un presaxio.

¡Pobre parviña!, obsesionácheste con cubrir con aspas en vez de

co seu contido.

Foi un lento e vertixinoso agromar de flores en inverno

Os ríos saltaban cara atrás e resolvíanse en fervenzas rosas

borboletas e caracois nacéronme nos cabelos

O sorriso dos meus peitos deu combustible aos aeroplanos

A beleza corrompe

A beleza corrompe

A tersura do meu ventre escoltaba á primavera

desbordaron as buguinas nas miñas mans tan miúdas

o meu afago máis alto beliscou o meu ventrículo

e xa non souben qué facer con tanta luz en tanta sombra.

 

Dixéronme: “a túa propia arma será o teu propio castigo”

cuspíronme na cara as miñas propias virtudes neste

clube non admiten a rapazas cos beizos pintados de vermello

un maremoto sucio unha usura de perversión que

non pode ter que ver coa miña máscara de pestanas os

ratos subiron ao meu cuarto enluxaron os caixóns da roupa branca

litros de ferralla alcatrán axexo ás agachadas litros

de control litros de difamadores quilos de suspicacias levantadas

só coa tensión do arco das miñas cellas deberían maniatarte

adxudicarte unha estampa gris e borrarte os trazos con ácido

¿renunciar a ser eu para ser unha escritora?

demonizaron o esguío e lanzal do meu pescozo e o

xeito en que me nace o cabelo na parte baixa da caluga neste

clube non admiten a rapazas tan ben adubiadas

Desconfiamos do estío

A beleza corrompe.

Mira ben se che compensa todo isto.

 

  

HISTORIA DE LA TRANSFORMACIÓN

 

Fue primero un trastorno

una lesiva abstinencia de niña éramos pobres y no tenía ni aquello

raquítica de mí depauperada antes de yo amargor carente una

parábola de complejos un síndrome un fantasma

(Aciago a partes iguales hecharlo en falta o lamentarlo)

Arrecife de sombra que rompe mis collares.

Fue primero una branquia evasiva que

no me quiso hacer feliz tocándome con su soplo

soy la cara más común del patio del colegio

el rostro insustancial que nada en nada siembra

lo tienes o no lo tienes renuncia acostúmbrate traga eso

cuervos toldando nubes una condena de frío eterno

una paciente galerna una privada privación

(niña de colegio de monjas que fui salen todas

anoréxicas o lesbianas la

letra entra con sangre en los codos en las cabezas en las

conciencias o en los coños).

Cerré los ojos y empecé a desear con todas mis fuerzas

lograr de una vez por todas convertirme en la que era.

 

Pero la belleza corrompe. La belleza corrompe.

Arrecife de sombra que gasta mis collares.

Vence la madrugada y la garganta contiene un presagio.

¡Pobre bobita!, te obsesionaste con cubrir con cruces en vez de

con su contenido.

Fue un lento y vertiginoso brotar de flores en inverno

Los ríos saltaban hacia atrás y se resolvían en cataratas rosas

lamparillas y caracoles me nacieron en los cabellos

La sonrisa de mis pechos dió combustible a los aeroplanos

La belleza corrompe

La belleza corrompe

La tersura de mi vientre escoltaba a la primavera

se desbordaron las caracolas en mis manos tan menudas

mi más alto halago pellizcó mi ventrículo

y ya no supe qué hacer con tanta luz en tanta sombra.

 

Me dijeron: “tu propia arma será tu propio castigo”

me escupieron en la cara todas mis propias virtudes en este

club no admitimos a chicas con los labios pintados de rojo

un maremoto sucio una usura de perversión que

no puede tener que ver con mi máscara de pestañas los

ratones subieron a mi cuarto ensuciaron los cajones de ropa blanca

litros de ferralla alquitrán acecho a escondidas litros

de control litros de difamadores kilos de suspicacias levantadas

sólo con la tensión del arco de mis cejas deberían maniatarte

adjudicarte una estampa gris y borrarte los trazos con ácido

¿renunciar a ser yo para ser una escritora?

demonizaron lo gentil y lo esbelto de mi cuello y el

modo en que nace el cabello en la parte baja de mi nuca en este

club no admiten a chicas que anden tan bien arregladas

Desconfiamos del verano

La belleza corrompe.

Mira bien si te compensa todo esto.

 

STORIA DELLA TRASFORMAZIONE
Dapprima fu una turba
una lesiva astinenza da bambina eravamo poveri e non avevo neanche quella
rachitica di me derubata prima di io amarezza carente una
parabola di complessi una sindrome un fantasma
(Infelice a parti uguali sentire la mancanza o dispiacersene)
Scogliera d’ombra che rompe le mie collane.
Dapprima fu una branchia evasiva che
non volle rendermi felice sfiorandomi col suo soffio
sono la faccia più comune della ricreazione a scuola
il volto più banale che niente in niente semina
ce l’hai o non ce l’hai rinuncia abituati butta giù il boccone
corvi coprendo nubi una condanna di freddo eterno
un paziente vento di galerna una privata carenza
(bambina di collegio di suore che fui vengono tutte
anoressiche o lesbiche la
lezione te la conficano a sangue nei gomiti nelle teste nelle
coscienze o nelle fiche).
Chiusi gli occhi e iniziai a desiderare con tutte le mie forze
di riuscire a diventare una volta per tutte quella che ero.

Ma la bellezza corrompe. La bellezza corrompe.
Scogliera d’ombra che logora le mie collane.
Vince l’alba e la gola rinchiude un presagio.
Povera stupida!, ti ossessionasti a coprire con croci anziché
con il loro contenuto.
Fu un lento e vertiginoso germogliare di fiori in inverno
I fiumi saltavano indietro e si risolvevano in cateratte rosa
micce e lumache mi nacquero tra i capelli
Il sorriso del mio seno fu combustibile per gli aeroplani
La bellezza corrompe
La bellezza corrompe
La levigatezza del mio ventre proteggeva la primavera
debordarono le conchiglie nelle mie mani così piccole
il mio più grande complimento pizzicò il mio ventricolo
e non seppi più che fare con tanta luce in così tanta ombra.

Mi dissero: “la tua arma sarà il tuo castigo”
mi sputarono in faccia tutte le mie virtù in questo
club non ammettiamo ragazze con le labbra dal rossetto rosso
un maremoto sporco un’usura di perversione che
non può avere a che fare con il mio mascara per le ciglia i
topi salirono nella mia stanza sporcarono i cassetti di biancheria
litri di ferraglia catrame in agguato di nascosto litri
di controllo litri di diffamatori chili di sospetti sollevati
solo con la tensione dell’arco i miei sopraccigli dovrebbero imbavagliarti
assegnarti una fotoincisione grigia e cancellarti i tratti con l’acido
rinunciare a essere me per essere una scrittrice?
demonizzarono la gentilezza e la lunghezza del mio collo e il
modo in cui nasce la chioma nel basso della mia nuca in questo
club non ammettiamo ragazze che girano così ben sistemate
Diffidiamo dell’estate
La bellezza corrompe.
Valuta bene se ti ripaga tutto questo.

(da Profundidade de campo, 2007)

 

MAZÁS DO XARDÍN DE TOLSTOI

 

Eu,

que bordeei en automóbil as beiras do Neretva,

que rebañei en bicicleta as rúas húmidas de Copenhague.

Eu que medín cos meus brazos os buratos de Saraxevo,

que atravesei ao volante a fronteira de Eslovenia

e sobrevoei en avioneta a ría de Betanzos.

Eu que collín un ferry que arribase ás costas de Irlanda,

e á illa de Ometepe no Lago Cocibolca;

eu que non esquecerei aquela tenda en Budapest,

nin os campos de algodón na provincia de Tesalia,

nin unha noite nun hotel aos 17 anos en Niza.

A miña memoria vai mollar os pés á praia de Jurmala en Letonia

e na sexta avenida síntense coma na casa.

Eu,

que houben morrer unha vez viaxando nun taxi en Lima,

que atravesei o amarelo dos campos brillantes de Pakruojis

e crucei aquela mesma rúa que Margarett Mitchell en Atlanta.

Os meus pasos pisaron as areas rosadas de Elafonisi,

cruzaron unha esquina en Brooklyn, a ponte Carlos, Lavalle.

Eu que atravesei deserto para ir ata Essaouira,

que me deslicei en tirolina dende os cumios do Mombacho,

que non esquecerei a noite que durmín na rúa en Amsterdam,

nin o Mosteiro de Ostrog, nin as pedras de Meteora.

Eu que pronunciei un nome no medio dunha praza en Gante

que unha vez suquei o Bósforo vestida de promesas,

que nunca volvín ser a mesma despóis daquela tarde en Auschwitz.

Eu,

que conducín cara o leste até preto de Podgorica,

que percorrín en motoneve o glaciar de Vatnajökull,

eu que nunca me sentín tan soa coma na rue de Sant Denis,

que xamáis probarei uvas coma as uvas de Corinto.

Eu, que un día recollín

mazás do xardín de Tolstoi,

quero voltar a casa:

o recanto

que prefiro

da Coruña

 

xusto en ti.

 

 

MANZANAS DEL JARDÍN DE TOLSTOI

 

 Yo,

que bordeé en automóvil las orillas del Neretva,

que apuré en bicicleta las calles húmedas de Copenhague.

Yo que medí con mis brazos los boquetes de Sarajevo,

que atravesé, al volante, la frontera de Eslovenia

y sobrevolé en avioneta la ría de Betanzos.

Yo que partí en un ferry que arribaba a las costas de Irlanda,

y a la isla de Ometepe en el Lago Cocibolca;

yo que nunca olvidaré aquella tienda en Budapest,

ni los campos de algodón en la provincia de Tesalia,

ni una noche en un hotel a los 17 años en Niza.

Mi memoria va a mojar los pies a la playa de Jurmala en Letonia

y en la sexta avenida se siente como en casa.

Yo,

que pude morir una vez viajando en un taxi en Lima,

que atravesé el amarillo de los campos brillantes de Pakruojis

y crucé la misma calle que Margarett Mitchell en Atlanta.

Mis pasos pisaron las arenas rosadas de Elafonisi,

cruzaron una esquina en Brooklyn, el puente Carlos, Lavalle.

Yo que atravesé desierto para ir hasta Essaouira,

que me deslicé en tirolina desde las cumbres del Mombacho,

que no olvidaré la noche que dormí en plena calle en Amsterdam,

ni el Monasterio de Ostrog, ni las piedras de Meteora.

Yo que pronuncié un nombre en el medio de una plaza en Gante,

que surqué una vez el Bósforo vestida de promesas,

que nunca volví a ser la misma después de aquella tarde en Auschwitz.

Yo,

que conduje hacia el este hasta cerca de Podgorica,

que recorrí en motonieve el glaciar de Vatnajökull,

yo que nunca me sentí tan sola como en la rue de Sant Denis,

que jamás probaré uvas como las uvas de Corinto.

Yo, que un día recojí

   manzanas del jardín de Tolstoi,

quiero volver a casa:

el escondite

que prefiero

de A Coruña

 

justo en ti.

 

 

MELE DAL GIARDINO DI TOLSTOI

Io,
che ho costeggiato in macchina le rive del Neretva,
che ho percorso in bicicletta le strade umide di Copenaghen.
Che ho misurato con le mie braccia le crepe di Sarajevo,
che ho attraversato, al volante, la frontiera di Slovenia
e ho sorvolato in aereo la ría de Betanzos.
Io che ho salpato su un ferry che approdava sulle coste d’Irlanda,
e all’isola di Ometepe nel Lago Cocibolca;
io che non dimenticherò mai quella tenda a Budapest,
né i campi di cotone della provincia di Tessaglia,
né una notte in albergo a 17 anni a Nizza.
La mia memoria si bagna i piedi nella spiaggia di Jurmala in Lettonia
e nella sesta strada si sente come a casa.
Io,
che ho rischiato di morire una volta viaggiando in taxi a Lima,
che ho solcato il giallo luccicante dei campi di Pakruojis
e ho attraversato la stessa strada di Margarett Mitchell a Atlanta.
I miei passi hanno calpestato le rosse sabbie di Elafonisi,
hanno attraversato un angolo di Brooklyn, il ponte Carlos, Lavalle.
Io che ho attraversato il deserto per arrivare a Essaouira,
e mi calai su un cavo dalle cime del Mombacho,
che non dimenticherò mai la notte che dormii per strada ad Amsterdam,
né il Monastero di Ostrog, né i sassi di Meteora.
Io che pronunciai un nome in una piazza a Gante,
che solcai una volta il Bosforo indossando promesse,
che non sono stata più la stessa dopo quel pomeriggio ad Auschwitz.
Io,
che ho guidato a est vicino a Podgorica,
che ho percorso in motoslitta il ghiacciaio di Vatnajökull,
io che non mi sono mai sentita così sola come in rue Sant Denis,
che non assaggerò mai un’uva come l’uva di Corinto.
Io, che un giorno colsi

mele dal giardino di Tolstoi,

voglio tornare a casa:
il nascondiglio
che preferisco
di A Coruña

proprio in te.
Ciò che conta sono i miei passi. Come un bosco di simboli del quale la mia ignoranza è significativa. Una sorta di battiti che si consegna alla mia mano prima delle ore. Una condanna che merita le mie notti bianche. Ma ultimamente è una cerimonia mendicante, la più pura. Che cancellai tutto il pretesto, mi versai, e non voglio essere furba. Questo è un labirinto di specchi contrapposti e io non riconosco più la me originale. Come teatri concentrici. Più che l’oscura linea tra quella che mi voglio far nascere.
e quella che si uccide. O ciò che rimane di ex-voto nella mia sacca. Così divento la larva del resto dei miei istinti. E non serve capire. (Quella che non ha capito niente ma ha sentito tutto). Perché la forma è morta. Viva dunque la forma. Riceve il sogno da quella che ti contempla, oh contemplato. Dammi parole che anche così pungano le mie viscere, ciò che è suggerito tra le ombre, ciò che trascina l’intelligenza. Quando la bellezza si spoglierà della bellezza godrai solo ormai della sua esistenza. Non smettere di desiderare, anche quando trovi. Il tatto, il privilegio, la voglia di buttarsi.

Yolanda Castaño

(traduzioni dei testi: dal gallego al castigliano di Yolanda Castaño, dal castigliano all’italiano di Ana Ciurans; traduzione della nota bio: Xenia Isabel Docio Altuna)

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