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América Latina en la mirilla

Las recientes elecciones en Bolivia, Argentina, Uruguay y Colombia reactivan la pugna por la hegemonía en la región

En un contexto regional marcado en los últimos meses por la batalla en torno a Venezuela, el recrudecimiento al máximo del bloqueo a Cuba por parte de los EE.UU, los consecutivos estallidos sociales en Haití, Ecuador y Chile, y la profunda crisis de legitimidad institucional en Perú, los recientes comicios en Bolivia, Argentina, Uruguay y Colombia han venido a confirmar la intensa pugna que se desarrolla en América Latina.

Una confrontación en torno a la hegemonía y el poder político que, de manera muy sintética, tiene como contendientes por un lado a las oligarquías locales, tradicionales aliadas de los EE.UU, y por el otros a un variado conjunto de fuerzas reformistas y de izquierda, que han retomado aliento de la mano del activismo de las organizaciones civiles y, sobretodo, de las recientes explosiones populares provocadas por el profundo y extendido malestar social como consecuencia de un neoliberalismo a ultranza que genera una distribución de la riqueza extremadamente desigual en favor de los segmentos más ricos y acomodados de la sociedad.

Bolivia: La innegable victoria de Evo Morales en disputa

El asunto principal de las pasadas elecciones generales celebradas en Bolivia el pasado 20 de octubre no era la previsible victoria del actual mandatario, Evo Morales, sino la posibilidad de que la oposición lograse llegar a una segunda vuelta, lo que le permitiría  polarizar la sociedad al máximo.

Un sorprendente “apagón” de resultados, iniciado al filo de la media noche del mismo 20, cuando los datos preliminares apuntaban a una posible vuelta, duró hasta entrada la mañana del día 21, cuando el Consejo Electoral daba a conocer resultados irreversibles, en los que el actual mandatario ganaba en primera vuelta, con una diferencia de aproximadamente del 10.5% sobre su inmediato seguidor, Carlos Mesa. Este hecho dio lugar a una inmediata denuncia de fraude por parte de la oposición.

El argumento de las autoridades electorales, de que el voto rural y de residente en el extranjero había cambiado la tendencia inicial, tal y como había sucedido en anteriores consultas, no contentó a la oposición que, sin esperar a los resultados finales, se lanzó a una campaña de desconocimiento de los resultados y de rechazo mediante movilizaciones en la calle, las cuales incluyeron el asalto e incendio de varias sedes provinciales de la autoridad electoral.

La reclamación opositora cobró apoyo internacional con la rápida declaración de la delegación observadora de la Organización de Estados Americanos (OEA), invitada por el propio Gobierno, que en una inusual nota pidió a Evo Morales una segunda vuelta electoral, sin importar el resultado oficial, lo cual equivalía a pedir al Gobierno boliviano que violase la Constitución del país.

Las movilizaciones opositoras siendo importantes en varias de las principales ciudades del país enseguida encontraron una amplia respuesta en masivas manifestaciones por parte de los movimientos sociales que apoyan a Evo Morales, mientras que en la propia OEA se desataba una tormenta diplomática cuando varios gobiernos se desmarcaban de la declaración de la OEA, calificándola de abierta ingerencia en los asunto internos de Bolivia. Y el Presidente Evo Morales denunciaba los hechos como un intento de “golpe de estado”.

Tras casi una semana de tensiones y demostraciones populares, donde los partidarios del actual mandatario marcaron una diferencia de fuerza, el Gobierno de Bolivia y la OEA alcanzaban un acuerdo, mediante el cual la OEA verificaría un nuevo recuento de votos y su resultado sería vinculante. El inmediato rechazo al acuerdo del ex-Presidente Carlos Mesa, que obtuvo el 36.51% de los votos, parece indicar que la victoria de Evo Morales en primera vuelta, con el 47.8% es casi imposible de revertir.

En lo que se refiere a las elecciones legislativas el Movimiento al Socialismo (MAS), de Evo Morales, obtenía 68 diputados y 21 senadores; la opositora Comunidad Ciudadana, de Carlos Mesa, conseguía 50 diputados y 15 senadores; mientras que el PDC, de Chi Hyun Chung, sacaba 8 diputados; y el MDS, de Oscar Ortíz, conseguía 2 diputados. Con esos datos el MAS renovaba su mayoría absoluta tanto en la Cámara como en el Senado      

  

Argentina: Una victoria clara pero con matices

En el caso de Argentina los comicios presidenciales venían marcados por una profunda crisis económica como consecuencia de la aplicación durante cuatro años de una política neoliberal de manual, por parte del Presidente Mauricio Macri.

Los datos macro-económicos hablan por si mismo: Una inflación anual del 58%, una caída libre de la cotización del peso argentino frente al dólar, el crecimiento exponencial de una deuda externa, ya impagable, con el FMI (Fondo Monetario Internacional), acompañada de una abierta y masiva fuga de divisas, por parte de la alta burguesía y los capitales “golondrina”.

Pero por si los datos macro-económicos no fuesen suficientes, su traducción a lo social es aun más revelador: un 35% de la población viviendo en la pobreza, un desempleo en constante aumento, una pérdida permanente del valor de las pensiones o un crecimiento de la desnutrición alarmante, destacan entre un largo listado de indicadores.

Consecuentemente con este panorama desolador y al mismo tiempo que el FMI “congelaba” provisionalmente la última entrega de su préstamo de 65.000 millones de dólares, las elecciones primarias, PASO, daban una aplastante victoria a la candidatura opositora, de orientación peronista, Alberto Férnandez para Presidente y -la exPresidenta- Cristina Férnánez como Vice-Presidenta.

La derrota por goleada del mandatario en ejercicio, Mauricio Macri, parecía cantada, sin embargo la intensa estrategia movilizadora del oficialismo consiguió revertir en parte la tendencia, y los resultados finales otorgaron a Alberto Fernández un 48% frente al 40.4 de Mauricio Macri, reduciendo la diferencia de las PASO a la mitad.

Con una alta participación, del 80.86%, la remontada de última hora de Juntos por el Cambio, la coalición que apoyaba a Macri, consiguió matizar el claro triunfo de Frente de Todos (FdT), encabezado por Arturo Fernández. Así Juntos por el Cambio consiguió ganar en cuatro provincias, donde prima la economía agroexportadora, y en  la ciudad-capital, al mismo tiempo que conseguía mantener una fuerte presencia en el Congreso de los diputados, como segundo grupo.

El FdT por su parte recuperaba la superpoblada provincia de Buenos Aire, todo el sur del país y obtiene la mayoría en el Senado, a lo que hay que sumarle varias gobernaciones regionales.

En medio de una delicada situación financiera, Arturo Fernández tiene ahora por delante la difícil tarea de cumplimentar varias tareas urgentes al mismo tiempo: Resituar a Argentina en el delicado juego de alianzas en pugna de la región. Articular una mayoría en el Congreso, que le permita gobernar. Estabilizar una situación financiera caótica, con una deuda pública que roza la suspensión de pagos. Y hacer frente a la liberación del precios de los combustibles, a mediados de este mes, y  la caducidad el próximo diciembre de los precios controlados de 65 productos de básicos de alimentación. Todo lo anterior bajo la presión de la expectativas de sus votantes de volver a unas políticas sociales que beneficien abiertamente a los sectores populares.

Uruguay: Con las espadas en alto

El mismo día pero en Uruguay, al otro lado del Rio de La Plata, las elecciones, con una participación del 90%, daban como ganador al candidato gubernamental del Frente Amplio (izquierda), Daniel Martínez con el 39.17% de los votos, mientras que Luis Lacalle, del Partido Nacional (conservador) obtenía un 28.59%, seguido por Ernesto Talvi, del Partido Colorado (liberal) con el 12.32%, y de Guido Manini de Cabildo Abierto (de extrema derecha) con el 10.88%.

La diferencia de más del 10% de votos entre Martinez y Lacalle sin embargo no fue suficiente para eludir una segunda vuelta, que se tendrá lugar el próximo 24 de noviembre.

Si nos guiamos solo por una suma matemática el candidato del Frente Amplio, Daniel Martínez lógicamente debería perder frente la unión de las tres derechas (blancos, colorados y ultraderecha), que ya anunciaron su apoyo a Luis Lacalle. Sin embargo la alianza de conservadores y liberales con una ultraderecha inédita en Uruguay, puede tener como efecto de a sectores moderados de su electorado, más teniendo en cuenta que los tres gobiernos consecutivos del Frente Amplio presentan un resultado innegable: con un crecimiento económico estable y sostenido, unas políticas sociales de amplio alcance, la reducción de la pobreza al 8.6 (la más baja de América Latina), y unos amplios derechos civiles, unicamente cuestionados por Cabildo Abierto.

Por lo tanto se puede decir que el resultado final aun está en cuestión, sin dejar de señalar que el Frente Amplio ha perdido, por escaso margen, la mayoría de la que ha gozado en el Congreso durante 15 años, pero consigue mantenerla en el Senado.

Colombia. Unos resultados interesantes pero difíciles de interpretar

Con una realidad marcada por la crisis del proceso de paz, la persistencia de la violencia política, con su secuela de asesinatos de candidatos, líderes comunales y ex-combatientes de las FARC, y las persistentes denuncias de financiamientos a candidatos de partidos tradicionales por parte del narco y la minería ilegal, la campaña electoral se ha desarrollado en un ambiente lleno de tensiones, algo ya habitual en Colombia.   

Dado su carácter regional y municipal, y la constelación de grupos que se presentaban, los resultados finales resultan en este caso más difíciles de interpretar, sin embargo ello no impide apuntar algunas tendencias. La primero sería la alta abstención, un fenómeno que parece ya endémico. La segunda sería la pérdida de peso y fuerza de los partidos tradicionales, especialmente del Centro Democrático y Social (CDS), del actual Presidente, Iván Duque, frente a coaliciones y candidaturas alternativas y locales.

Los electores eligieron 32 gobernadores, y los consiguientes diputados provinciales, 1.101 alcaldes y los concejales correspondientes, así como las Juntas de Administración Local de numerosos territorios.

Entre la variedad de candidaturas se puede señalar una tendencia al crecimiento de la izquierda moderada y de los movimientos ecologistas. Tal es el caso, por ejemplo, de Bogotá, con 9 millones de habitantes, con la victoria de Claudia López, primera mujer alcaldesa en esa ciudad, respaldada por un movimiento de corte progresista y verde, creado en torno a su figura.

A pesar de todo lo señalado resulta evidente que solo el gubernamental CDS, los partidos conservador y liberal, y la progresista Colombia Humana son las únicas fuerzas que mantienen presencia en todo el territorio nacional.

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