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ENTREVISTA A TARIQ RAMADAN – SEGUNDA PARTE

Publicamo la segunda parte de la entrevista a Tariq Ramadan.

Tariq Ramadan es profesor de Estudios Islámicos Contemporáneos en la Universidad de Oxford y en la Facultad de Teología de esta misma ciudad, o que es Director del Centro de Investigación sobre legislación y ética islámica de Doha.

Primera parte

¿Eso quiere decir que estamos ante una “ciudadanía” condicionada y cuestionada por sus orígenes o sus valores culturales?

Como decía no es un asunto de derecho, mi calificación de esta especie de “ciudadanía moral” no se refiere a lo formal, sino que se ha elaborado un listado de valores que debe cumplir cualquier ciudadano, cultural o religiosamente diferente, antes de que se le otorgue el estatus de ciudadano de pleno derecho y correcto.

Aparte de controlar que respeten las leyes y que aprendan el idioma, su vida privada sin duda recibe múltiples influencias, costumbres, formas de vestir, educación familiar, etc…Influencias que son cuestionadas constantemente, pero no se dice nada con claridad, todo es implícito, y tiene que ver con esa especie de “ciudadanía moral o psicológica” que tiene consecuencias muy concretas para las personas. Pareciera que existe una identidad europea estática, permanente, inmutable, y en realidad estas personas suponen cambios y dinámicas divergentes, aportan otros valores y formas de sentir, no comparten o no son parte de una escala de valores supuestamente evidente y que se identifica pública y mediáticamente como la única “europea”. Sus identidades son otras, cambiantes, diferentes en lo cultural, lo religioso o lo personal, y sufren constantemente una discriminación que finalmente no conmueve a una mayoría social que los estigmatiza.

Por un lado se demoniza al islamismo en general pero cuando esos movimientos son políticos, sociales y pacíficos y juegan en democracia se les ilegaliza o se les desplaza por la fuerza del poder, casos de Argelia o Egipto. ¿Se empuja al islamismo político y social a la ilegalidad y la violencia?

En realidad este tema no es nuevo, solo hay que mirar lo que ha venido sucediendo en diferentes países. Se va construyendo un prejuicio en torno a una supuesta práctica violenta, a pesar de que se conoce perfectamente que las tendencias políticas y del derecho musulmán incluyen plenamente a los Hermanos Musulmanes. Ya sucedió en Argelia con el FIS y sigue sucediendo actualmente con HAMAS, finalmente cuando ganan democráticamente se les margina o se les ilegaliza.
En realidad hay dos elementos que son importantes. El primero es, por supuesto, la relación con Occidente. Hay una percepción de que esos grupos son muy críticos hacia Occidente, en el sentido que rechazan las políticas occidentales. Sin embargo no siempre es así, porque si analizamos lo que los Hermanos Musulmanes egipcios, que ganaron las elecciones en el 2013, intentaban hacer estaba precisamente marcado por un intento de complacer a Occidente, y me refiero a sus decisiones económicas o a las reformas de las estructuras políticas del país. Y de ahí paso directamente al segundo factor que es relacionado con la percepción de que estas tendencias son muy anti-sionista, en medio de un fuerte debate en la región sobre quién apoya a Israel y de qué maneras. Además hay una percepción de que esos movimientos son precisamente más peligrosos porque no son violentos, sino más bien pragmáticos.

¿Porque la denominada “Primavera árabe” se ha convertido en una pesadilla?

Creo que hemos sido ingenuos y el problema es, otra vez, que no estudiamos ni aprendemos de la historia. Lo que sucedió en el Este de Europa o en América Latina. No hemos estudiado la forma en que se puede movilizar a la gente o propiciar que la gente se movilice libremente, pensamos que todo se trata de política, cuando en realidad el trasfondo es más un asunto de economía. La economía, el poder, la estabilidad en la región. Yo incluso diría que en el caso aparentemente exitoso de Túnez, donde la violencia fue más moderada, se permitió la fuga de la vieja casta de poder, fue un fracaso, una rama que escondió la visión del bosque.
Desde el inicio de este proceso yo me temía que pudiese pasar algo parecido al modelo iraquí que yo sintetizo en tres elementos: Desestabilización del régimen político, división de la sociedad en tendencias (tribus, facciones religiosas…) y aseguramiento de los recursos económicos y naturales.

Finalmente si observamos lo que está sucediendo en Libia y en toda la región, desestabilización de Siria, la difíciles situaciones que viven Turquía, Irán, Líbano y ahora mismo Yemen, podemos constatar que es un diseño, que el entonces Presidente de los EE.UU, George W. Bush, denominó “democratización del Oriente Medio” y que consiste en desestabilizar países para obtener una región frágil. Lo mismo sucede actualmente con un régimen fuerte como el de Egipto en medio de tanta fragilidad, un sistema que da continuidad a la era Mubarak porque son los mismo militares, con más violencia, y muy a tono con la actual política israelí en la región.

¿Habla de un diseño de dominación occidental y sionista?

Sí, yo diría que el objetivo de este diseño es debilitar la región y asegurar los recursos económicos. Sin embargo hay algo que no conseguimos relacionar con la economía y tiene mucho que ver con estas situaciones y que es que cualquier cosa que tenga que ver con la seguridad y el antiterrorismo permite que los EE.UU y la UE estén más presentes en la zona que algunos países emergentes como la India o China. La desestabilización reclama obligatoriamente más seguridad y esto en términos concretos significa más presencia norteamericana y europea, que es exactamente lo que podemos ver en estos momentos después de las llamadas primaveras árabes.

Sin embargo lo que podíamos observar antes de estos procesos de primaveras era una tendencia hacia el Este, hacia China y la India, mientras que lo que podemos constatar ahora es más presencia de los EEUU y EU, algo que también le conviene a Israel, porque no quieren que China o la India se involucren en la región, pues son menos pro-israelitas que las potencias occidentales.

¿Y qué papel juegan en medio de este esquema los grupos islámicos radicales?

Este fenómeno tiene mucho que ver con lo que venimos observando desde hace al menos 15 años, antes los salafistas evitaban en gran medida todo lo que tenía que ver con la política, de hecho afirmaban ser apolíticos. Sin embargo ahora tenemos una tendencia, primero de algunas organizaciones como Al Qaeda, y ahora mismo el ISIS, que promueven un mayor protagonismo de la mentalidad de los que interpretan literalmente el Corán y al mismo tiempo son los que más involucrados están con la violencia. Una violencia que por cierto no solo está dirigida contra de los intereses occidentales en la región, sino también contra algunos de los intereses de diversos países del Medio Oriente. Sin duda hay tendencias que están pensando que hay una Jihad (guerra santa) global y es gente muy sincera en ese pensamiento, por eso mismo tenemos que ir más allá, para tratar de entender cómo funcionan y por qué están operando de esa manera.

Empezaron en Afganistán y vemos a estos grupos en todos los lugares donde actúan interrelacionados con potenciales económicos, en Afganistán, donde sabemos que hay gas, uranio y litio, en Mali, donde hay uranio y gas, y ahora están presentes en algunos países del Medio Oriente, contribuyendo a la desestabilización de toda la región. Yo diría que debemos abordar la cuestión de la violencia, pero no podemos ser ingenuos, hay que tratar de entender qué objetivos tienen y cuáles van logrando. No estoy nada convencido de que estas tendencias surjan de la nada, por ejemplo sabemos que en Siria fueron apoyadas por el mismo Bashar Al Assad pensando conseguir una nueva legitimidad en la comunidad internacional, algo que de hecho está funcionando.

Tenemos que ser cautelosos y entender a la gente violenta que cree realmente en eso y son sinceros en su actuar, eso es una realidad, están actuando en contra del consenso de la mayoría de la comunidad musulmana, pero también tenemos que ser cuidadosos con la manipulación política de esta tendencia violenta, que sirve de apoyo y justificación a algunas políticas regionales.

En referencia a las políticas regionales que señala, parece adecuado nombrar a un partido islámico gobernante, como el de Turquía.

Creo que la situación interna y externa de Turquía es sumamente difícil, debemos analizar con profundidad lo que sucede en ese país. Primero en lo que se refiere a su política doméstica nos encontramos con un régimen que en los últimos años ha ido haciendo cosas en función de un progreso social, tratando de mejorar la economía y la situación social. Dicho esto no podemos olvidar que el régimen, y muy especialmente el presidente Erdogan, se ve a sí mismo como una respuesta para todo y por eso está intentando cambiar la Constitución y hasta el sistema parlamentario, para poder ser Presidente y Primer Ministro al mismo tiempo, además es muy evidente que hay muchos problemas con todo lo que tiene que ver con las minorías y las libertades; por lo tanto creo que tenemos que observar la evolución de esta tendencia hacia un poder autoritario.

Un segundo elemento tiene que ver con la política exterior. El primer ministro y ex ministro de Asuntos Exteriores, Ahmet Davutoglu, mantiene una visión de que Turquía debería evitar conflictos fronterizo, lo cual parece bastante inteligente, sin embargo esa expectativa actualmente es un fracaso y en la práctica Turquía juega un feo papel en lo que se refiere a Siria, a los kurdos o a Irán. A todo esto hay que añadirle que la estabilidad y el crecimiento económicos no son ya seguros.
Yo creo que antes la política exterior de Ankara miraba hacia el sur, lo que es muy cuestionable hoy en día, lo que condujo a la apertura de unas 40 embajadas en África, o las relaciones con países de América Latina. Era una visión que subrayaba la necesidad de empezar a relacionarse con países del Sur y del Este.

Hace diez años usted lanzó un manifiesto político y social desde un pensamiento islámico europeo ¿qué repercusiones ha tenido su llamado?

Yo creo que lo importante de aquel “Manifiesto para un nuevo Nosotros” que sigo promoviendo, es que necesitamos movimientos nacionales que tengan iniciativas locales, y esto ya está sucediendo. A nivel local se ve mucha más gente salir de los guetos sociales y geográficos, sin embargo a nivel nacional todavía no hemos llegado a comprender y practicar la esencia del manifiesto. Creo que después de los sucesos de Charlie Hebddo, el atentado en Copenaghe o los debates en EE.UU, hay una necesidad de unirse y saber exactamente quienes son nuestros enemigos, los verdaderos enemigos. En este contexto la sustancia del manifiesto es más necesaria que nunca en lo que se refiere a un discurso nacional.

Pero me reafirmo en decir que a nivel local hay muchas personas que trabajan y crean dinámicas que son importantes, y no solamente vinculadas a las orientaciones o tendencias religiosas.

Además promueve una moratoria de castigos corporales en lo que se refiere a la llamada sharia ¿Qué finalidad tiene su iniciativa?

Este aspecto es muy importante porque si nos fijamos en todo el discurso que presentan los islamistas que llegan al poder, por ejemplo en Túnez o Egipto, cuando se refieren a la sharia están en sintonía con lo que venía afirmando desde hace tiempo, la sharia no se puede implementar, hay que pararse y pensar de nuevo. Se hablaba de castigos corporales y lapidación, y por cierto el único país donde no hay debate sobre la necesidad de detener esas prácticas es Arabia Saudita, donde la sharia funciona plenamente.

He debatido con personas de Pakistán, de Marruecos, con estudiosos de todo el mundo y la esencia del mensaje está ahí. De hecho, las personas ya entienden que si quieren desafiar lo que tiene que ver con la interpretación literal de los textos sagrados y poder enfrentarse a Boko Haram o al denominado Estado Islámico, este es el camino a seguir.

De hecho hay que detener la excusa de que la violencia se ejerce “en nombre del Islam”. Todavía hay muchos países que no se han sumado a este llamamiento para promover una moratoria de los castigos corporales pero al menos ya reconocen que la sharia no se puede implementar.

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